Y claro, quisimos comprobarlo con nuestros propios ojos.
Nos llegamos hasta Pelayos del Arroyo, un pueblo que, al igual que en Turégano, fue territorio cedido al obispo Pedro de Agen, allá por el siglo XII.
Estacionamos al inicio del pueblo, nada más cruzar el río Viejo, que, debido a tantas lluvias, lucía un torrente que se desbordaba por sus orillas.
Recorrimos sus calles vacías y silenciosas hasta situarnos frente a la maravillosa iglesia románica de San Vicente, un templo que perdió su galería porticada. Y allí, en una esquina, junto al inicio del ábside, encontramos al canecillo que buscábamos.


Un demonio con orejas puntiagudas y vientre abultado, vistiendo calzas de la época; su figura resultaba grotesca, burlesca. ¡Me encantó!
Y junto al diablillo, algunos bustos humanos y canecillos de garzas, también cigüeñas… En su interior es posible admirar, por ejemplo, una escena del combate entre un caballero cristiano, que algunos consideran templario, con otro caballero que luce porte de musulmán. Y también una pila bautismal, y…
Os recomiendo esta visita en la ruta del románico del Pirón.